Rusia y el nuevo orden mundial

Cuando se derrumbó la Unión Soviética y el vasto mundo socialista y la Guerra Fría llegó a su fin, los pensadores más destacados del mundo académico de los Estados Unidos comenzaron a especular sobre la conformación del nuevo orden mundial y el destino geopolítico de la humanidad en los siguientes años, los últimos del siglo XX, y lo que nos depararía el siglo XXI.
El más optimista y al mismo tiempo el más ingenuo fue Francis Fukuyama, para quien después de la Guerra Fría, la humanidad, libre de las tensiones de un mundo bipolar de sistemas ideológicos contradictorios, podía abrazar como una estructura política lógica, los dos grandes valores occidentales: la democracia representativa y el libre mercado, augurando el advenimiento de tiempos felices, en los que el planeta iba a prosperar guiado por Estados Unidos y seguirían tiempos de paz en que se iría acabando la pobreza y los científicos podían dedicarse a inventar tecnologías para curar las enfermedades más devastadoras y a procurarnos comodidad y buena existencia.
Bastaron pocos años para demoler esa visión utópica del futuro, y mientras algunos académicos decían que el narcotráfico se erigiría como el máximo enemigo de la democracia y el libre mercado, enemigo al que Estados Unidos debía combatir como lo hizo con el comunismo, la fuerza dormida del fundamentalismo islámico demostraba que era un polo de poder poco dispuesto a plegarse a los valores y principios básicos de Occidente.
Los acontecimientos orbitales en estos 14 años que van del siglo XXI están dándole argumentos a los defensores de la visión de otro pensador estadounidense sobre el nuevo orden mundial: Samuel Huntington. En un libro llamado “El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”, articula la teoría de un mundo dividido en múltiples civilizaciones dependientes cada una de un polo de poder y en permanente conflicto. A diferencia de la Guerra Fría, este conflicto sería cultural y no ideológico, de manera que no sólo se expresaría en guerras, sino en confrontaciones económicas y políticas.
Huntington divide al mundo en las civilizaciones Occidental, Islámica, China, India, Japonesa, Rusa y Pacífica, y plantea que los polos de poder lucharán duramente por preservar sus valores, atribuyendo a esta circunstancia la tensión entre países occidentales e islámicos, la competitividad económica de la Unión Euopea, China y Japón.
Huntington murió en 2008, pero los acontecimientos en el mundo después de ese año parecieran confirmar su hipótesis: los ataques sistemáticos del mundo islámico en el Cáucaso, Malí y otros países africanos, y más recientemente las acciones expansionistas rusas en la península de Crimea y Ucrania.
Estados Unidos y Europa, paradigmas de Occidente, han reaccionado contra Rusia con sanciones económicas poco eficaces, al parecer. No parecen preocupados por la advertencia de Huntington de que las naciones occidentales podrían perder su predominancia si fallan en reconocer la naturaleza de esta tensión latente.

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