La historia del álbum que fue enviado al espacio

Hace 40 años la NASA envió una colección de canciones, saludos en distintos idiomas y sonidos de la naturaleza al espacio exterior.En el verano de 1977, el afamado astrónomo Carl Sagan, el periodista Timothy Ferris, la científica Ann Druyan y un grupo pequeño de musicólogos, se encargaron de curar y realizar el proyecto Voyager Golden Record, un mixtape que incluye sonidos de la naturaleza, saludos en más de 50 idiomas y algunas de las canciones más representativas del planeta Tierra.

Esta lista de audios fue recopilada en un vinilo de oro de 12 pulgadas con una capacidad para llenarlo con 90 minutos de música. El objetivo era representar a nuestra especie ante cualquier ser existente en otros lares del espacio exterior, así que fue colocado en la nave espacial Voyager 1 que partió de la Tierra en la misma década.

A pesar de que la nave se encuentra a billones de kilómetros de nuestro planeta y el LP no ha estado disponible para el público, Pitchfork dio a conocer que gracias a una campaña de Kickstarter, el Voyager Golden Record será lanzado a la venta en los próximos meses. La página web Light in the Attic anunció un box set con todos los audios del álbum a través del sello discográfico Ozma Records, una nueva compañía que tiene como lema la “inserción de la ciencia, arte y la conciencia” por medio de la música.

La historia de este vinilo histórico tiene algunas aristas que pocos se han dedicado a observar a lo largo de las cuatro décadas que lleva en el espacio. La curaduría del disco fue un proceso controversial.

Meses antes de su producción, el grupo encargado del proyecto decidió que sería álbum con “música del mundo” por lo que armaron una lista de canciones con sonidos de flautas peruanas,  instrumentos de indonesia, sítaras chinas y además incluyeron desde música clásica occidental con canciones como “The Well Tempered Clavier” de Bach, “Cavatina” de Beethoven, blues por parte de Blind Willie Johnson y Chuck Berry, además de jazz representado por Louis Armstrong en la canción “Hot Melancholy Blues” del álbum Hot Seven.

“En ese tiempo sabíamos que hacer el álbum Voyager era una empresa mítica. La idea de ser capaces de crear esta especie de Arca de Noe de la cultura humana, de su experiencia y los sentimientos que tenemos, fue un algo donde lo mejor de la ciencia y la alta tecnología se encontraron también con lo más profundo de nuestras almas”, mencionó Ann Druyan -responsable del proyecto- en entrevista para Pitchfork en febrero de este año.

De acuerdo a The New Yorker, otro de los participantes, Carl Sagan, fue conocido en la industria como un soñador fantasioso y con ideas que pocos tomaban en cuenta. De hecho el proyecto sonoro fue rechazado y no entraría en la nave espacial debido a que la NASA temía que el congreso norteamericano viera como ridícula la propuesta.

Sin embargo, Alex Ross -periodista de The New Yorker- hace una reflexión sobre este documento sonoro a cuatro décadas de haber sido lanzado al exterior:  “Conforme pasan los años y las ambiciones espaciales desaparecen, el Golden Record toma un cierto poderío melancólico. Sagan lo veía como algo menos que un mensaje en una botella: “Cuando pasen billones de años de años de aquí al sol y la tierra no sea más que un carbón la grabación del Voyager estaría intacta preservando la cultura de este mundo’. Sagan toma de una forma optimista nuestro futuro lejano aunque las notas de ‘Cavatina’ de Beethoven, que cierran el álbum, golpeen emocionalmente a un extraterrestre que escuche esto como una despedida anhelante”.

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